Fragmento - El Cementerio
Había salido a la hora de costumbre del trabajo rumbo a su casa, debía recorrer esas cuadras hacia la avenida en busca del ómnibus, las primeras sombras estaban instaladas, debía caminar frente al cementerio y no podía dejar de sentir un frío que le recorría la espalda cada vez que pasaba por ese sitio. Decía no tener miedo pero una sensación desagradable lo invadía particularmente esa tarde, frente al portón lo saludó el guardia que le dio conversación y se desesperó. Ese día justamente estaba muy coloquial y le contó que por la mañana habían destapado la tumba de una joven muerta hacía varios años y que a pesar de ser ñeste un trámite de rutina habían recibido la sorpresa de encontrar su cuerpo impecable, con una gran belleza y hasta su pelo parecía recién peinado.
Gustavo no soportaba más y concluyó el diálogo macabro al que lo había sometido el hombre.
Llegó a su casa. Luego de cenar se fue a dormir pues a la mañana siguiente debía cumplir con la misma rutina.
Por supuesto la tarde siguiente se repetiría el suplicio de pasar por el lugar no querido por él, pero entonces todo iba a cambiar. Al día siguiente al llegar al portón se encontró con una joven muchacha que le sonrió amablemente y conversaron hasta llegar a la avenida.
Desde esa tarde ya no sentía esa sensación de temor y esperaba ansiosamente a la joven para realizar juntos la travesía.
Llegó la primavera, los días comenzaron a alargarse a la hora de pasar ya no había sombras y su amiga había dejado de aparecer. En su lugar encontró al guardia y le preguntó si había visto a la jovencita, al escuchar la descripción éste empalideció… era la muerta incorrupta y se lo hizo saber.
Gustavo sintió el vértigo a sus pies, de sus ojos salieron lágrimas de sangre y cayo fulminadó en el lugar.
–Nada se pudo hacer y fue sepultado cerca de la muchacha en cuestión.
Hace unos días, el empleado del cementerio creyó verlos caminar juntos y corrió espantado gritando lo sucedido, los médicos indicaron internarlo en el hospicio que está enfrente mientras el pobre hombre repite la misma historia sin cesar, sin que nadie le crea…
