

Una historia real, dura, con aristas dramáticas, que podría haber sido paralizante para la narradora. Pero no fue así, todo lo contrario: la vida le puso un desafío que transitó con audacia y fe. Con suficiente coraje para construir un espacio para su hijo con dificultades motrices, descubrir sus potenciales y lograr así su independencia. Sin dejar de crecer a la par de él, sintiendoque los sueños se cumplen a pesar “de todo”. El testimonio tuvo como objetivo ayudar a las madres con hijos especiales, pero el resultado fue inesperado, porque les sirvió a muchos que habían dejado de creer y que luego de leerlo expresaron “Despues de esto de que quejarse…”
En los momentos en que no daba más, buscaba algún motivo para no abandonar la lucha y sin perder la esperanza, me ponía de pie para poder empezar nuevamente.
Fluctuaba entre la realidad y no realidad o me refugiaba en la fantasía, creo que fue lo que permitió que no enloqueciera, entendía que había casos más difíciles de sobrellevar y que yo iba a poder, aunque, no era fácil… no es fácil…
Nunca me resultó gratuito nada de lo que obtuve en la vida, pero me parecía inmerecido lo que me estaba viviendo. Por momentos me atrapaba la culpa, aunque tuviera claro que no era mi responsabilidad personal, sino que era simplemente la vida.
En ocasiones escuché que solamente a las madres con fortaleza se prueban con este tipo de dolores, pero también me pregunté por qué no pude disfrutar como cualquier madre de las etapas de un hijo común.
Me replanteaba muchas otras cosas, pero todas quedaban en la incógnita. La vida tiene muchas, para las cuales la respuesta llega después de mucho tiempo y a veces nunca.
Con el correr de los años empecé a entender que no importan demasiado las respuestas y que no hay que formularse tantas preguntas. En ese momento aún no tenía la sabiduría ni la edad suficiente para comprender, por eso vivía inmersa en la desolación total. Me rodeaba el vacío, eran pocos los acontecimientos que me alegraban, aunque en muchas oportunidades fuera yo quien consolaba a alguna madre o le daba esperanza para que no decayera.
Creo que mi fluctuación era permanente entre la luz y la oscuridad, pero nunca en mi mente pasó la idea de la muerte como solución a mi dolor o al de mi hijo.
Creí firmemente en un futuro de salud y de felicidad, siempre pensé en el día siguiente, estaba persuadida de que cada salida de sol era una nueva esperanza.
Soy de los que piensa en la vida como algo increíble, me asombro ante cada una de sus manifestaciones en todo lo que me rodea, me enternecen los brotes de la primavera y me embarga de nostalgia la caída de las hojas en otoño.
